Color, arquitectura y estados de ánimo

 

Al decidirnos por un color, no debemos pensar solamente en su resultado estético dentro de un espacio, sino en el confort que experimentarán sus usuarios. El color es un factor clave en la arquitectura y el diseño. Por su simple efecto, se pueden aclarar habitaciones oscuras o atenuar el efecto deslumbrante de las muy iluminadas. Con un color claro y único, podemos ampliar espacios o reducirlos, en caso contrario. Podemos además calentar habitaciones frías con colores cálidos, refrescar las cálidas con colores fríos, dar vida a lo apagado y variedad a lo monótono. Incluso, con ayuda del color, es posible corregir proporciones, ya que una altura excesiva se atenúa oscureciendo el techo del espacio.

A pesar de lo mencionado anteriormente y lejos de los efectos físicos de ciertos colores, es importante resaltar los efectos psicológicos que pueden llegar a provocar al usuario. El color, aliado con la luz, es el más potente generador de descanso, confort y satisfacción; pudiendo brindarnos en nuestro hogar la calma al espíritu, sosiego a los nervios y relajación al cuerpo físico, que todos buscamos en los oasis.

Los colores contienen poder, ya que generan una reacción física ante las sensaciones que nos producen. Independientemente del gusto o disgusto que experimentamos hacia ellos, en cada persona provocan una reacción completamente inconsciente.

      

Según los estímulos que se quieran crear en las personas, en ciertos edificios se utilizan amarillos y naranjas, es decir, colores cálidos en general. Estos colores se usan mucho en los restaurantes, ya que estimulan el metabolismo y el apetito. Los verdes, transmiten tranquilidad y salud, los podemos ver en las salas de espera de hospitales, por su efecto sedante y relajante. En cuanto a los colores fríos, el azul se utiliza en espacios de trabajo, fábricas y oficinas ya que fomentan la capacidad productiva  de los trabajadores.

El estimulo creado por un color específico responde al organismo entero, por eso debemos ser muy cuidadosos con los colores mal empleados. En fábricas y oficinas se ha comprobado que reducen la eficiencia del operario y aumentan el absentismo, y en los hospitales y clínicas actúan agravando o retardando la curación de las enfermedades de los pacientes.

La ausencia de colores contrastantes fatiga la vista. Es importante no incitar al cansancio por el uso homogéneo del color, utilizando colores complementarios para adoptar la estabilidad necesaria en cada espacio.

El color empleado en entornos urbanos es capaz de brindarle a un sector en específico, una sensación de pertenencia a sus habitantes, lo que no puede suceder en el caso de zonas con colores neutros. Además, se ha comprobado que al aplicar el uso del color en barrios desfavorecidos, se han producido mejoras en la sociedad, tales como la reducción de la tasa de criminalidad y el aumento de la solidaridad entre sus habitantes. Esto se debe a que los habitantes se sienten estimulados a cuidar y proteger su entorno, ya que el espacio ha dejado de ser anónimo.

     

No debemos tener miedo a utilizar colores brillantes que ayuden a cambiar la dinámica visual de nuestros entornos. No obstante debemos ser conscientes de cómo los empleamos; los lugares y las proporciones en los que los colocamos. Si bien el color puede hacer mucho por un edificio y su entorno, también puede perjudicar al medio y sus usuarios, de no ser empleados con la conciencia  necesaria.

 

Fuente: Goyeneche Arquitectos Asociados

Imagenes: vanidades.com, ceroasa.wordpress.com, blog.bellostes.com, flickr.com

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